Somos un equipo que piensa la ciudad y la industria como sistemas vivos. Desde Argentina, combinamos arquitectura, datos y tecnología para construir representaciones digitales que ayudan a decidir mejor. Esta página cuenta quiénes somos, cómo trabajamos y qué principios sostienen cada proyecto.
Digital Twin Sydney no nació de un día para el otro. Detrás de cada proyecto hay un proceso de aprendizaje, ajustes y decisiones que tomamos junto a equipos locales. Esta línea de tiempo resume los hitos que marcaron nuestra forma de trabajar con gemelos digitales en Argentina.
2019
Empezamos visitando plantas industriales y obras en el norte del Gran Buenos Aires para entender cómo se documentaban los activos. Ahí detectamos que el problema no era la falta de datos, sino la dispersión de la información.
2021
Junto a una fábrica de alimentos en Córdoba, desarrollamos una réplica virtual de su línea de envasado. El modelo permitió probar cambios de ritmo sin detener la producción y redujo las paradas no planificadas durante los primeros seis meses.
2022
Empezamos a trabajar con estudios de arquitectura en Rosario para instalar sensores de ocupación y consumo en torres de oficinas. Los datos recogidos alimentaron modelos que hoy se usan para ajustar la climatización en tiempo real.
2023
Lanzamos una herramienta interna que integra mapas, redes de infraestructura y datos de movilidad. Hoy la usan municipios y consultoras para evaluar escenarios de crecimiento antes de invertir en obra pública.
2024
Creamos un programa de capacitación para ingenieros y arquitectos que quieren aplicar gemelos digitales en sus propios proyectos. El foco está en casos reales argentinos, no en teoría abstracta.
2025
Hoy trabajamos de manera estable con estudios de arquitectura, empresas de ingeniería y áreas de innovación de gobiernos locales. La red nos permite abordar proyectos que van desde el relevamiento inicial hasta la puesta en marcha del gemelo digital.
La historia de este proyecto no empieza con una oficina ni con un lanzamiento formal. Empieza con una pregunta que nos hicimos en 2019, mientras trabajábamos en relevamientos urbanos para un municipio del sur de la provincia de Buenos Aires: ¿por qué los planos y los modelos digitales de una ciudad se actualizan cada tanto, cuando la ciudad real cambia todos los días?
Esa incomodidad con la información desactualizada nos llevó a probar formas de conectar sensores, datos catastrales y modelos 3D en un mismo entorno. Lo que sigue es un resumen de los momentos que definieron el rumbo del estudio, las decisiones que tomamos en el camino y los resultados que hoy se ven en los proyectos que acompañamos.
Durante esos dos años trabajamos en relevamientos de infraestructura para organismos públicos y estudios de arquitectura. El trabajo era minucioso: medir, fotografiar, cargar datos en planillas y después pasar todo a un CAD. El resultado era un documento que nacía desactualizado. En 2020 decidimos que el siguiente proyecto debía incluir un modelo tridimensional que se alimentara con datos en tiempo real, aunque fuera a escala de un edificio.
Probamos varias plataformas comerciales de gemelos digitales y todas tenían el mismo problema: funcionaban bien mientras usaras sus formatos y sus sensores. Para un país con proveedores locales diversos y presupuestos acotados, eso era un límite. Tomamos la decisión de trabajar con estándares abiertos y desarrollar integraciones a medida. Fue más lento al principio, pero nos permitió conectar equipos de distintas marcas sin depender de un único fabricante.
El punto de inflexión llegó con un edificio municipal en la provincia de Río Negro. Integramos el modelo BIM con sensores de consumo eléctrico, apertura de puertas y temperatura en salas de servidores. Por primera vez, el equipo de mantenimiento veía en una misma pantalla el estado real del edificio y podía anticipar fallas antes de que ocurrieran. Ese proyecto nos confirmó que el valor no estaba en el modelo 3D en sí, sino en la capacidad de tomar decisiones con información actualizada.
Después del edificio municipal, empezamos a recibir consultas de equipos de urbanismo y de empresas de servicios públicos. Necesitaban algo similar, pero a escala de manzana o de distrito. Adaptamos nuestra metodología para trabajar con datos de tránsito, luminarias y redes de agua. Aprendimos que la escala cambia los problemas: lo que funciona en un edificio no siempre se traslada directo a una ciudad. Ese año también sumamos a nuestro equipo a especialistas en ciencia de datos, algo que no estaba previsto en el plan original.
Para 2024 ya teníamos varios proyectos en marcha y una certeza: el gemelo digital más valioso no es el que tiene la mejor renderización, sino el que logra integrar fuentes de datos dispares y presentarlas de forma clara. Reorganizamos nuestro trabajo alrededor de esa idea. Hoy cada proyecto empieza con un relevamiento de datos disponibles y un análisis de qué información falta, antes de hablar de modelos 3D o de sensores.
Hoy acompañamos proyectos en distintas provincias argentinas, desde la gestión de infraestructura hasta el diseño de espacios urbanos. Los resultados que más nos enorgullecen no son métricas de tráfico web ni cantidad de sensores instalados: son equipos municipales que dejaron de usar planillas impresas para planificar el mantenimiento, y estudios de arquitectura que ajustan sus diseños con datos de uso real. Esa es la medida que usamos para evaluar si un proyecto funcionó.